Oposición


Algún día me opondré a una boda. Entraré gritando frenéticamente: ¡Deténganse!, yo me opongo. Afirmaré haber amado al novio desde siempre, diré que fue mi amor imposible, mi amor de la infancia. La novia... Me mirará sonriente, como agradecida, diciéndome con un tono dulce:
-Me has salvado la vida, me libraste de casarme con un tipo sarcástico, manipulador, dañino. Él no era mi príncipe azul.
Nunca quise un príncipe azul; no quería casarme, la convivencia me da miedo, las responsabilidades familiares me espantan. Como si estuviera fuera de sí, la novia (al parecer ya liberada y dispuesta a todo) empezó a gritar con furia:
-¡No me quiero casar, nunca lo quise! Todo esto era una farsa, una gran mentira. Les divierte el espectáculo?
Esto solo lo complacía a él, tan celoso e inseguro, a la histérica de su madre que tiene ansias de ser abuela, a mi madre (pobre de ella), que pensaba que con el matrimonio tendría estabilidad, que podría madurar.
Todos-incluyéndome-la miramos espantados; su madre rompía en llanto, la frustrada suegra casi sepone verde de enfado, los invitados cuchicheaban con quienes estaban a su lado;y el novio, lejos de entristecerse, sorprenderse o enfadarse, dibujó una maquiavélica sonrisa en su rostro malévolo.
Y ¿yo?
- ¡Ay! ¡Pobre de mí! – no sabía lo que me esperaba, ni entendía en lo absoluto lo que pasaba.La novia, recogió la cola del vestido y tacos en mano salió corriendo del lugar, huyendo, sin rumbo predecible.
El novio en tanto, ordenó al tipo con sotana que continuara con la boda, que sería yo quien se casaría con él, puesto que según dije, lo he amado desde siempre.
En ese momento me arrepentí de mi arrebato, y confundida, solo atiné a decir en voz baja:
-Todo era broma,‘putamadre’ me jodí...
Yo no me quería casar, solo me quería oponer, joder a la novia…Entonces, la voz del anciano bonachón que vestía una sotana muy pulcra, me sacó de mis cavilaciones, la sonrisa de mi novio, el rostro de mi madre, los invitados y el lugar decorado con flores hicieron que vuelva a mi realidad, ¡A mi boda! Para ese momento, el anciano terminaba de pronunciar: “Si hay alguien que se oponga a esta unión, que hable ahora o calle para siempre”. Mientras yo, suplicante, miraba la puerta; esperando que ella apareciera con su frenético grito y me salve.

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